Ramiro de Maeztu en Defensa de la Hispanidad - Política para antimodernos

Ramiro de Maeztu en Defensa de la Hispanidad - Política para antimodernos (III)


Ramiro de Maeztu, autor de Defensa de la Hispanidad, no diferenciaba el proyecto comunitario de Hispanidad como destino Imperial del proyecto individual de Hispanidad como destino personal: “El drama se opera, por supuesto, en la región medianera, que es la de las almas. A ellas corresponde nutrirse del espíritu, para espiritualizar con él la tierra y conservar y acrecentar el tesoro espiritual, para que las nuevas generaciones se alimenten con él. Ellas son las que han de conservar izada la bandera. El espíritu no puede morir, pero la patria, sí, por abandonarlo o traicionarlo o cambiar sus valores por disvalores que envenenen las almas. También en este plano del espíritu ser es defenderse. Ser es defender la Hispanidad de nuestras almas. La Hispanidad, como toda patria, es una permanente posibilidad. Así como sobre el individuo se alza la guadaña de la muerte, como una fatalidad inevitable, la patria, en cambio, como la rueda de la Fortuna, es permanente posibilidad. Puede morir, puede ser inmortal, por lo menos mientras no venga el fin del mundo: todo depende de nosotros que, a nuestra vez, no realizaremos nuestros destinos personales como abandonemos lo que nos señala, como corriente histórica que apunta al provenir, la tradición de nuestra patria”. 
 
En otras palabras: lo más básico y nuclear del despertar espiritual que compone la base de toda rebelión contra el mundo moderno se encuentra en aquello que Julián Marías denominaba como “vocación” dentro de su Breve tratado de la ilusión. Es decir, que el autoconocimiento en constante perfeccionamiento es lo que nos conduce hacia el conocimiento exterior del mundo: en el momento en el que descubrimos para qué hemos sido llamados al mundo es cuando en verdad empezamos a dejar nuestra mínima impronta en él. Jacob Taubes lo supo entender asimismo: "Como el orden externo del universo ha perdido significado, la única dimensión en la que el hombre puede tener su lugar para vivir es en su propio ser”. De nuevo Maeztu: “ser es defenderse”. Tras el fracaso de las reacciones anti-liberales que encarnan el socialismo y el fascismo, Maeztu tuvo la grandeza de miras que no albergó ningún otro coetáneo anti-moderno: la solución no se encontraba en ninguna tentación mesiánica. Su teología política le llevó al pasado para mejor impulsarse hacia el futuro: “Ante el fracaso de los países extranjeros, que nos venían sirviendo de orientación y guía, los pueblos hispánicos no tendrán más remedio que preguntarse lo que son, lo que anhelaban, lo que querían ser. A esta interrogación no puede contestar más que la Historia. ¿Cuál no será entonces la sorpresa de los pueblos hispanos, al encontrar lo que más necesitan, que es una norma para el porvenir, en su propio pasado, no el de España precisamente, sino en el de la Hispanidad en sus dos siglos creadores, el XVI y el XVII? Así es, sin embargo”. 
 
 
 

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