mardi 31 mars 2020

Evola y Spengler

EVOLA Y SPENGLER

Robert Steuckers.

Traducción al español: Carlos X. Blanco

"Traduje del alemán, a petición del editor Longanesi..la vasta y célebre obra de Oswald Spengler La decadencia de Occidente. Eso me dio la oportunidad de especificar, en una introducción, el significado y los límites de esta obra que, en su tiempo, había sido mundialmente famosa". Estas palabras inician una serie de párrafos críticos sobre Spengler en El camino del Cinabrio de Julius Evola (p. 177).

Evola rinde homenaje al filósofo alemán por haber dejado de lado las "fantasías progresistas e historicistas" al mostrar que la etapa alcanzada por nuestra civilización poco después de la Primera Guerra Mundial no fue un vértice, sino, por el contrario, un "crepúsculo". A partir de esto Evola reconoció que Spengler, especialmente gracias al éxito de su libro, hizo posible ir más allá de la concepción lineal y evolutiva de la historia. Spengler describe la oposición entre Kultur y Zivilisation, "el primer término que indica, para él, las formas o fases de una civilización cualitativa, orgánica, diferenciada y vital, el segundo indica las formas de una civilización racionalista, urbana, mecánica, informe, sin alma" (p. 178).

Evola admiró la descripción negativa que Spengler hace de la Zivilisation, pero critica la ausencia de una definición coherente de Kultur, porque, según él, el filósofo alemán seguía siendo prisionero de ciertos esquemas intelectuales propios de la modernidad. "Le faltaba por completo el sentido de la dimensión metafísica o de la trascendencia, que representa la esencia de toda verdadera Kultur" (p. 179).

Evola también reprocha el pluralismo de Spengler; para el autor de La Decadencia de Occidente, las civilizaciones son muchas, distintas y discontinuas entre sí, constituyendo cada una de ellas una unidad cerrada. Para Evola, esta concepción es válida sólo para los aspectos exteriores y episódicos de varias civilizaciones. Por el contrario, continúa, es necesario reconocer, más allá de la pluralidad de las formas de civilización, las civilizaciones (o fases de civilización) de tipo "moderno", en contraposición a las civilizaciones (o fases de civilización) de tipo "tradicional". Sólo hay pluralidad en la superficie; en el fondo, hay una oposición fundamental entre la modernidad y la Tradición.

Luego, Evola reprocha a Spengler haber sido influenciado por el pensamiento vitalista e "irracionalista" post-romántico alemán, que recibió su más amplia y radical expresión en la obra de Ludwig Klages. La valorización de la vida es vana, explica Evola, si la vida no está iluminada por una auténtica comprensión del mundo de los orígenes. Así pues, la inmersión en la existencialidad, en la Vida, exigida por Klages, Bäumler o Krieck, puede parecer peligrosa e iniciar un proceso regresivo (se observará que la crítica evoliana se distingue de las interpretaciones alemanas, según exactamente los mismos criterios que nosotros planteamos al hablar de la recepción de la obra de Bachofen).

Evola piensa que este vitalismo lleva a Spengler a decir "cosas que hacen sonrojar" sobre el budismo, el taoísmo, el estoicismo y la civilización grecorromana (que, para Spengler, no es más que una civilización de "corporeidad"). Por último, Evola no acepta la valorización que hace Spengler del "hombre fáustico", figura nacida en la época de los descubrimientos, el renacimiento y el humanismo; por esta determinación temporal, el hombre fáustico es llevado hacia la horizontalidad más que hacia la verticalidad. En cuanto al Cesarismo, un fenómeno político de la era de las masas, Evola comparte el mismo juicio negativo que Spengler.

Las páginas dedicadas a Spengler en El camino del Cinabrio son, por lo tanto, bastante críticas; Evola llega incluso a la conclusión de que la influencia de Spengler en su pensamiento fue nula. No es ésta la opinión de un analista de Spengler y Evola, Attilio Cucchi (en "Evola, Tradizione e Spengler", Orion nº 89, 1992). Para Cucchi, Spengler influyó en Evola, en particular en su crítica del concepto de "Occidente": al afirmar que la civilización occidental no es la civilización, la única civilización que existe, Spengler la relativiza, como afirma Guénon. Evola, un atento lector de Spengler y Guénon, combinaría elementos de las críticas de Spengler y Guénon. Spengler afirma que la cultura occidental fáustica, que comenzó en el siglo X, ha decaído y ha caído en la Zivilisation, que ha congelado, drenado y matado su energía interior. América ya está en esta etapa final de desruralización y Zivilisation tecnológica.

Es sobre la base de la crítica Spengleriana de la Zivilisation que Evola desarrolló más tarde su crítica del bolchevismo y el americanismo: Si la Zivilisation es el crepúsculo para Spengler, América es el extremo-Oeste para Guénon, es decir, la irreligión empujada hasta sus últimas consecuencias. En Evola, sin duda, los argumentos spenglerianos y guénonianos se combinan, aunque, a fin de cuentas, los elementos guénonianos dominan, especialmente en 1957, cuando la edición de La decadencia de Occidente fue publicada por Longanesi con un prólogo de Evola. Por otra parte, la crítica spengleriana al Cesarismo político se encuentra, a veces palabra por palabra, en los libros de Evola El fascismo visto desde la derecha y Los hombres entre las ruinas.

El Dr. H. T. Hansen, el autor de la introducción a la edición alemana de Los hombres entre las ruinas Ruins (Menschen inmitten von Ruinen [Tubinga: Hohenrain, 1991]), confirma las vistas de Cucchi: varias ideas spenglerianas se encuentran esbozadas en Los hombres entre las ruinas, en particular la idea de que el estado es la forma interior, el "estar en forma" de la nación; la idea de que la decadencia se mide en la medida en que el hombre fáustico se ha convertido en un esclavo de sus creaciones; la máquina le obliga a seguir un camino del que nunca podrá volver atrás, y que nunca le permitirá descansar. La fiebre y la huida hacia el futuro son características del mundo moderno ("Fausto" para Spengler) que Guénon y Evola condenan con igual fuerza.

En La hora de la decisión (1933), Spengler critica el Cesarismo (en realidad, el nacionalsocialismo hitleriano) como producto del titanismo democrático. Evola escribió el prefacio de la traducción italiana de esta obra, después de una lectura muy atenta. Finalmente, el "estilo prusiano" exaltado por Spengler se corresponde, según Hansen, con la idea evangélica del "orden de vida aristocrático, ordenado jerárquicamente según el servicio". En cuanto a la necesaria preeminencia de la Gran Política sobre la economía, la idea se encuentra en ambos autores. Así, la influencia de Spengler en Evola no fue nula, a pesar de lo que Evola dice en El camino del Cinabrio.

Fuentes del artículo: Nouvelles de Synergies européennes no. 21, 1996. Translated by Greg Johnson.

Juan Asensio - « Le langage pour quoi faire ? Le langage au risque de l...

dimanche 22 mars 2020

Guillaume Faye, cet esprit-fusée: recension de Georges Feltin-Tracol


Recension de Georges Feltin-Tracol:

PIERRE KREBS – ROBERT STEUCKERS – PIERRE-ÉMILE BLAIRON, Guillaume Faye, cet esprit – fusée. Hommages et vérités, Éditions du Lore, 2019, 
152 p., 19 €.

Jules Dufresne, responsable des Éditions du Lore, a tenu à saluer un auteur qu’il publia et qui assura à cette courageusemaison d’édition une notoriété certaine : Guillaume Faye. Hormis quelques évocations sur Internet et les réseaux sociaux, sa disparition en mars 2019 n’a guère été propice en hommages chaleureux.  On peut déplorer que d’anciens compagnons de route avec qui il avait rompu depuis longtemps en profitèrent pour le dénigrer une fois de plus. 

Guillaume Faye, cet esprit – fusée se compose de deux poèmes de Pierre Krebs ainsi que de sa préface à l’édition allemande de Pourquoi nous combattons. Manifeste de la résistance européenne, d’une recension de l’Italien Stefano Vaj sur La colonisation de l’Europe qui valut à Faye une condamnation pénale, de la prise de position de Pierre Maugué à l’occasion d’une violente polémique en 2001, d’un beau témoignage de Pierre-Émile Blairon et de deux essais roboratifs de Robert Steuckers.

Le premier reprend intégralement une brochure de 1996 dans laquelle Robert Steuckers explique avec minutie les conditions sordides de l’éviction de Faye au mitan des années 1980 du cénacle parisien de la ND. Le second salue la figure du combattant des idées qui ne fut jamais un clerc sachant prétentieux. « Ce n’est pas un intellectuel non plus, tel qu’on l’entend de nos jours, un éveilleur n’est pas là pour perdre son temps à des discussions sans fin sur le sexe des anges; un éveilleur est un réaliste, même s’il peut apparaître comme mystique, assène pour sa part Pierre-Émile Blairon. Il a une mission qu’il connaît et qu’il doit accomplir, il est sur cette terre dans cet unique but (p. 94). »

Ces hommages secouent le lecteur. Contrairement aux divagations d’un éditeur du samedi soir qui sortit le moins bon livre de Faye sur l’islam et qui a craché sur sa mémoire, aucun contributeur du recueil n’évoque pas un quelconque caractère chrétien de son enterrement. À la différence de Maurras, Guillaume Faye a toujours gardé sa fidélité aux Dieux, en particulier à Dionysos !

Georges Feltin-Tracol

• Recension parue dans « Livres au crible » dans Synthèse nationale, n° 53, printemps 2020.

Pour commander ce recueil: http://www.ladiffusiondulore.fr/home/765-guillaume-faye-cet-esprit-fusee-hommages-verites.html



Images témoignant d'un sens très profond de l'amitié: deux amis avaient invité Guillaume Faye en pays languedocien, il y a plus de quarante ans. A l'annonce de la disparition de cet "esprit-fusée", ils se sont retrouvés et ont réalisé cette belle image. Merci à eux ! Du fond du coeur ! 

Sur et autour de Carl Schmitt: recension de Georges Feltin-Tracol


Recension par Georges Feltin-Tracol:

ROBERT STEUCKERS, Sur et autour de Carl Schmitt. Un monument revisité, Les Éditions du Lore, 2018, 291 p., 26 €.

Robert Steuckers poursuit la parution à un rythme soutenu de ses différents travaux. Avec ce nouveau recueil, il revisite un monument de la pensée politico-philosophique du XXe siècle : Carl Schmitt. En germaniste accompli, il réfléchit aux concepts les plus novateurs tels que l’Ernstfall (l’« état d’exception ») et s’intéresse à des influences majeures nommées Clausewitz, le sociologue Gustav Ratzenhofer (1842 – 1904) ou le « jeune-conservateur » Hans Freyer (1887 – 1969) pour qui « le “ peuple ” [...] est, grâce à sa mémoire historique, le dépositaire de la virtù, c’est-à-dire de la “ force créatrice d’histoire ” (p. 161) ». Il en évoque la postérité intellectuelle et cerne, en particulier, celle de Bernard Willms (1931 – 1991). Inconnu en France, ce spécialiste de Hobbes publie en 1982 dans le contexte de la crise des euromissiles et de la vague pacifiste outre-Rhin La Nation allemande. Théorie, Situation, Avenir qu’on pourrait considérer comme une approche « souverainiste » avant l’heure. En effet, pour Willms, « l’idée de nation, écrit Robert Steuckers, n’est […] pas une valeur, qui pourrait être contestée comme toutes les valeurs, mais un fait objectif que l’on ne contourne pas, un destin (Schicksal) (p. 200) ». En penseur d’Empire, Robert Steuckers en profite pour avancer que « le nationalisme français ne s’adresse plus à la seule nation française mais veut planétariser les idéaux des Lumières (p. 200) ».

Il rend un hommage vibrant au professeur Piet Tommissen (1925 – 2011) et donne un riche panorama de l’immense œuvre schmittienne. Ainsi traite-t-il de la « pyropolitique » qui s’affranchit de l’« hydropolitique ». « Dès le moment historique où il n’y a plus aucun territoire vierge à conquérir et à organiser sur la planète […], à la mode tellurique/continentale des géomètres romains, la “ Terre ”, en tant qu’élément structurant du véritable politique, cède graduellement sa place prépondérante, non seulement à l’Eau mais aussi au Feu. L’Eau est l’élément qui symbolise par excellence le libéralisme marchand des thalassocraties, des sociétés manchestériennes, des ploutocraties : voilà pourquoi un monde dominé par l’élément Eau refuse de reconnaître limites et frontières, les harmonies paisiblement soustraites à toute fébrilité permanente (p. 240). »

Hostile au « Nouvel Ordre mondial » étatsunien, Carl Schmitt soutient très tôt le « Grand Espace » au nom du renouveau de l’Europe. Il réclame «une “ doctrine de Monroe ” européenne, une doctrine qui, en politique internationale, puisse regrouper les peuples par affinités culturelles en zones semi-autarciques autocentrées, gouvernées par une conception de l’économie politique non libérale, une conception de l’économie qui rejette le libre-échangisme et l’interdépendance économique mondialiste (p. 25) ».

Carl Schmitt, et à sa suite Robert Steuckers, ont bien imaginé dès la première moitié des années 1980 l’indispensable concept de démondialisation.

Georges Feltin-Tracol

• Recension parue dans « Livres au crible » dans Synthèse nationale, n° 53, printemps 2020.

Pour commander l'ouvrage: http://www.ladiffusiondulore.fr/home/693-sur-et-autour-de-carl-schmitt-un-monument-revisite.html 

vendredi 13 mars 2020

Alexander Rados, l'agenzia PRESSGEO e la geopolitica haushoferiana in Unione Sovietica


Illustrations: cartes de Pressgeo

Alexander Rados, l'agenzia PRESSGEO e la geopolitica haushoferiana in Unione Sovietica

Indubbiamente, il principale discepolo sovietico di Karl Haushofer è l’israelita ungherese Alexander Radós, geografo di formazione, in servizio come spia per la giovane URSS, specialmente in Svizzera, centro nevralgico di numerosi contatti ufficiali. Radós è l’uomo che ha formato le nuove concezioni della geografia politica sovietica. Egli è, tra l’altro, colui che ha forgiato la denominazione stessa dell’«Unione delle Repubbliche Socialiste Sovietiche». Radós è principalmente un cartografo, che ha iniziato la sua carriera fissando carte del traffico aereo, le quali alle sua epoca costituiscono evidentemente un’innovazione. Egli insegna alla “Scuola marxista di formazione dei Lavoratori” (Marxistische Arbeiterschulung). Fonda in seguito la prima agenzia in assoluto del mondo di stampa cartografica, a cui da il nome di “Pressgeo”, in cui lavorerà in particolare una futura celebrità come Arthur Koestler. La fondazione di questa agenzia corrisponde perfettamente alle aspirazioni di Haushofer, che intende volgarizzare e diffondere al massimo tra la popolazione un sapere programmatico di ordine geografico, storico ed economico, in accordo con lo spirito di difesa. La carta, tracciato sintetico, strumento didattico di prim’ordine, serve all’obiettivo di istruire rapidamente gli spiriti decisionisti degli eserciti e della diplomazia, come gli insegnanti di storia e di scienze politiche che devono comunicare velocemente un sapere essenziale e vitale ai loro allievi.


Haushofer parla anche, in questo senso, di Wehrgeographie, di “geografia difensiva”, cioè di “geografia militare”. L’obiettivo di questa scienza programmatica è di sintetizzare in un semplice colpo d’occhio cartografico tutta una problematica di natura strategica, ricorrente nella storia. Pedagogia e cartografia formano i due pilastri principali della formazione politica delle élites e delle masse. Yves Lacoste, oggi in Francia, segue una stessa logica, facendo riferimento a Elisée Reclus, geografo dinamico, che reclamava una pedagogia dello spazio, in una prospettiva che egli voleva rivoluzionaria e “anarchica”. Lacoste, come Haushofer, ha perfettamente coscienza della dimensione militare della geografia (e, a fortiori, della Wehrgeographie), quando scrive, facendo riferimento ai primi cartografi militari dell’antica Cina “La geografia, serve a fare la guerra!”.

Sull’utilità pedagogica della cartografia

Michel Foucher, professore a Lione, dirige oggi un istituto geografico e cartografico, le cui cartine, molto didattiche, illustrano la maggior parte degli organi di stampa francesi, quando questi evocano i punti caldi del pianeta. In questo stesso spirito pluri-disciplinare, dalla volontà chiaramente pedagogica che in Francia e in Germania, va da Haushofer a Lacoste e a Foucher, Alexander Radós, loro precursore sovietico, pubblica in URSS e in Germania nel 1930, un Atlas für Politik, Wirtschaft und Arbeiterbewegung (“Atlante della politica, dell’economia e del movimento operaio”). Radós è così il precursore di un modo innovatore ed interessante di praticare la geografia politica, di mescolare in sintesi audaci, un ventaglio di saperi economici, geografici, militari, topografici, geologici, idrografici, storici. Le sintesi, che sono le cartine, devono servire a cogliere in un solo colpo d’occhio, delle problematiche altamente complesse che il semplice testo scritto, troppo lungo da assimilare, non permette di afferrare così velocemente, di esprimere senza inutili divagazioni. È questo un grande passo in avanti nella pedagogia scientifica e politica, nel senso aperto, un secolo prima dal geografo Carl Ritter.


 
Questa cartografia facilita il lavoro del militare, del geografo e dell’uomo politico; essa permette, come sottolinea Karl August Wittfogel, di uscire da un’impasse della vecchia scienza geografica tradizionale (e “reazionaria” per i marxisti), in cui sistematicamente, si trascuravano i macro-processi scatenati dal lavoro dell’uomo e così, il carattere “storico-plastico” di quelli che si credevano essere dei “fatti eterni di natura”. È in questa fondamentale posizione epistemologica, al di là delle discriminanti ideologiche, frutto di “etiche della convinzione” dalle ripercussioni calamitose, che si ritrovano Elisée Reclus, Haushofer, Radós, Wittfogel, Lacoste e Foucher. Wittfogel, che si pone come rivoluzionario, riconosce questa “plasticità storica” nell’opera del “geopolitologo borghese” Karl Haushofer. Le due scuole, quella di Haushofer e la marxista, vogliono inaugurare una geografia dinamica, in cui lo spazio non viene più posto come un blocco inerte e immobile, ma si apprende come una rete di relazioni, di rapporti, di movimenti in perpetua effervescenza (il pensiero va naturalmente al rhizome di Gilles Deleuze, che ispira gli attuali “geofilosofi” italiani). In seno a questa rete sempre in movimento, il tempo può apportare epoche di sosta, di maggiore calma, come può inserire del dinamismo, della violenza, dei rovesciamenti, che costringono le personalità politiche di valore ad adoperarsi per ridistribuire le carte. Il lavoro dell’uomo, che addomestica certi spazi organizzandoli e creando dei mezzi di comunicazione più rapidi, è un lavoro propriamente “rivoluzionario”; gli uomini politici che rifiutano di gestire lo spazio, in uno spirito di difesa territoriale o nello spirito di assicurare alle future generazioni comunicazioni e risorse, sono dei “reazionari”, dei codardi che preferiscono una lenta decomposizione alla dinamica di trasformazione. Degli arrendevoli che fanno anche il gioco perverso dei talassocratici.


Di conseguenza, rievocare uomini come Mylius Dostoïevski, Richard Sorge, Alexander Radós o Karl August Wittfogel, ci sembra molto utile, intellettualmente e metodologicamente, perché questo prova:
– che l’interesse generale per la geopolitica oggi non può più essere messo alla pari di un interesse malsano per il passato nazional-socialista (contesto in cui dovette operare Haushofer);
– che nessuna morbosità di ordine esoterico od occultista può essere reperita nell’opera di Haushofer e dei suoi discepoli tedeschi o sovietici;
– che queste scuole hanno posto delle pietre miliari nello sviluppo della scienza politica, della geografia e della cartografia;
– che esse hanno lasciato in eredità un bagaglio scientifico della più grande importanza;
– che noi dovremmo interessarci maggiormente degli sviluppi della geopolitica sovietica degli anni '20 e '30 (e analizzare, ad esempio, l’opera di Radós).


[di Robert Steuckers, estratto di un'intervento alla 10° Università d’estate di “Synergies Européennes”, Bassa-Sassonia, agosto 2002]

dimanche 8 mars 2020

Hacer Europa a través de la cultura y el conocimiento

 


Robert Steuckers
 
Merci à Carlos X. Blanco d'avoir traduit récemment ce texte déjà très ancien mais qui semble toujours avoir de la pertinence pour ses lecteurs actuels. Et de l'avoir accueilli sur son excellent site: https://nacionalismuasturianu.blogspot.com/2020/03/hacer-europa-traves-de-la-cultura-y-el.html


Europa - Los valores y las raíces profundas de Europa, Capítulo IX;  Hacer Europa a través de la cultura y el conocimiento, págs. 195-199, publicado por Bios

Para salir de esta paradoja, de este callejón sin salida, Europa debería poder apostar por la cultura, por las universidades, por el retorno a las raíces comunes de nuestra civilización y luego, en una segunda etapa, dotarse de un arma militar y diplomática común para imponerse como un bloque en la escena internacional.

 
Las funciones legales-sacerdotales y militares-defensivas son las que están mejor capacitadas para hacer Europa de forma rápida, barata y sin burocracia. La función económica es, por definición, una función llamada a gestionar una diversidad siempre cambiante, sujeta a riesgos naturales, climatológicos, económicos y circunstanciales: querer armonizar y homogeneizar esta función a toda costa es una verdadera tarea de Sísifo. Algo que nunca podrá ser superado. Las funciones jurídico-administrativas, la defensa e ilustración de un patrimonio cultural a escala de una civilización, la formación de una casta de diplomáticos capaces de comprender el destino global del continente, la elaboración de un derecho constitucional que respete las realidades locales sin dejar de lado las tradiciones europeas de federalismo y subsidiariedad, la formación de oficiales que entiendan que las guerras intereuropeas sólo pueden conducir a una carnicería innecesaria, la creación de una marina y una red de satélites militares y civiles son tareas que apuntan a largo plazo. Y que puede suscitar entusiasmo pero no desprecio, porque todo lo que es procesal y administrativo, demasiado gerencial a secas, suscita desprecio...


Es con este conjunto de principios en mente que el texto de reflexión fundamental que acaba de publicar el embajador de la República Checa en Bonn, Jiri Grusa, debe ser leído e interpretado. Comienza lamentando, como nosotros, que la cultura siga siendo la pariente pobre de la integración europea, lo que se explica, en términos obviamente atenuados y diplomáticos, por el hecho de que la idea misma de la integración europea se ha convertido ahora en una idea exclusivamente occidental, es decir, una idea pura, yo diría incluso purificada, racionalista, cartesiana (la ideología del "cuerpo sin sombras", como dice Serge Le Diraison). A pesar del "Erasmus" y otros proyectos, la práctica de la integración europea, sugerida en Praga, Varsovia, Liubliana, Zagreb, etc., aún no se ha puesto en práctica. Es una práctica puramente económica e ideológicamente "burguesa", que no es el resultado de un Bildungsbürgertum [ciudadanía formada] cultivado y humanista, sino de una burguesía que ha "neutralizado" los impulsos culturales, políticos y religiosos para dar cabida al cálculo y a la acumulación de beneficios económicos. Jiri Grusa aboga así por una política cultural europea, pues -de lo contrario- el espacio cultural se convertirá inevitablemente en la zona de reclutamiento de la "resistencia política" que podría adoptar la forma de neo-mesianismo de izquierdas o de fundamentalismo identitario (o, si se incrementa con una buena dosis de ecología, ¡las dos cosas al mismo tiempo!). En vista de la revuelta de los maestros y la deconstrucción sistemática de las redes escolares en la Bélgica francófona en particular, este alegato no es una retórica vacía. Después del colapso de las instituciones culturales en Europa del Este y Rusia, cuando el apoyo estatal a los artistas creativos, a los museos y a los tipos de educación fundamentales y no rentables (filología, lingüística comparativa, literatura, arqueología, historia del arte, etc.) dio paso al culto demencial de la economía y el lucro, Europa parece haber regresado al lado más oscuro de su alma: la hybris, la desmesura.
 
Para Jiri Grusa, la protección de la cultura europea requiere el abandono definitivo de los resortes conceptuales del "fundamentalismo occidental" (u "occidentalismo" como diría Zinoviev). Jiri Grusa habla más precisamente de "ideas que han sumido al continente en la miseria". "Estas "ideas" son las que pretenden reflejar una "verdad única", como fue el caso de la ideología del "socialismo real" en la actual Europa poscomunista. O como ocurre hoy en día con el occidentalismo más radical, que es particularmente desenfrenado en París tras los hitos establecidos hace casi veinte años por Bernard-Henri Lévy, Guy Konopnicki, etc. Hace unos diez años, este profetismo occidental se reforzó considerablemente, pasando del panfleto pronunciado en forma histérica al catálogo documental de lo que no se debe o ya no se debe pensar: este catálogo se basaba enteramente en la refutación del nietzscheismo y del heideggerismo, propia del mayo del 68, emprendida por Luc Ferry y Alain Renaut; flanqueaba el alegato de Ferry en favor de un individualismo jurídico y económico absolutos. Contra todas las tradiciones de Europa Central, es esta ideología, despojada de todo reflejo comunitario, de toda voluntad de fraternidad y de todo interés por los asuntos culturales, la que los institutos occidentales, en particular los franceses, tratan de imponer en Europa Central y Oriental.



Jiri Crusa no es obviamente un nacionalista, ni en el sentido francés ni en el alemán del término. Es un ciudadano de esta Mitteleuropa donde el alemán y el eslavo se entremezclan tan estrechamente que la eliminación de uno debilita al otro y viceversa. Critica la noción de "identidad" y la contrasta con la noción de "complejidad", es decir, la complejidad de lo "multinacional", es decir, la complejidad del espacio geográfico en el que conviven y compiten grupos étnicos muy diferentes entre sí. Sin embargo, se puede detectar en su discurso que el abandono de las políticas culturales o el hecho de que se dejen de lado bajo el dictado de una omnipresente "pan-economía" acabará por cristalizar una nueva oposición binaria en la escena política de las democracias poscomunistas con, por un lado, la primacía del origen (étnico), defendida por los nacionalistas y antiguos artistas (comunistas de circunstancia) privados de sus subsidios legítimos, y, por otro lado, el principio de rentabilidad, defendido por los liberales y partidarios de la ideología del beneficio solamente.

Para mantener un europeísmo cultural eficaz y sólido, que no implica ningún repliegue sobre sí mismo, Jiri Grusa se propone desarrollar una política cultural paneuropea (gesamteuropäisch), capaz de ensombrecer, encuadrar y limitar las políticas de los Estados nacionales, tratando de recuperar sus antiguas influencias de preguerra (Goethe-Institut para Alemania, Institut français, British Council, etc.). Como checo, espera colaborar con los pequeños países que no cultivan ninguna intención "imperialista" en Europa Central y Oriental, pero sobre todo, apuesta por una cultura libre de los viejos reflejos racionalistas-autoritarios, que hacen que la hybris europea explote en todas las direcciones, provoque los enfrentamientos de los siglos XIX y XX, sumiendo a las sociedades occidentales en la anomia. Para promover esta cultura continental -explica Jiri Grusa- debemos aprovechar al máximo los canales de información y fomentar el intercambio de conocimientos, ideas y proyectos, sin que ninguna de las partes implicadas en el diálogo haga el más mínimo intento de convertir plenamente a sus interlocutores. Grusa aboga por el conocimiento contra los intentos de convencer, de convertir. Los intelectuales o científicos europeos que se reúnan deben ante todo tratar de perfeccionar las reglas del juego en Europa y abstenerse de formular una ideología preconcebida que se impondría a todos los europeos independientemente de su origen o lugar de residencia. La defensa de la nueva cultura europea requiere una completa reevaluación del principio de subsidiariedad. Es necesario crear en toda Europa agencias de información eficaces que informen sobre los grandes temas de la política real: geopolítica, ecología, pensamiento económico, derecho (subsidiario), urbanismo, etc. Paralelamente a estos organismos, deben intensificarse los intercambios entre los jóvenes europeos. Sólo una comunicación de alto nivel entre estudiantes, profesores e investigadores permitirá crear una cultura europea capaz de afrontar y gestionar sin mutilaciones la extraordinaria diversidad de nuestro continente. El futuro de Europa depende de ello.


 
Las ideas de Grusa corresponden al proyecto que estoy llevando a cabo con Gilbert Sincyr, el profesor Fabio Martelli, Anatolli M Ivanov, Mark Lüdders y muchos otros, bajo el nombre de "Sinergias Europeas". Las defendemos sin ponerse necesariamente los guantes de diplomático y oponiéndose a la corrección política, "diciendo la verdad". Es decir, un idioma libre de un viejo defecto europeo, que ha servido para camuflar la hybris que el diplomático checo Jiri Grusa denuncia con razón: el eudemonismo.


Traducción: Carlos X. Blanco.